Entre 2005 y 2025, WCS Ecuador monitoreó las poblaciones de mamíferos y aves en una zona sometida a presión de cacería junto a la vía Maxus, dentro del Parque Nacional Yasuní. Los resultados muestran fuertes disminuciones en grandes primates y otras especies, pese a que la mayor parte de la cobertura forestal del paisaje analizado permanece en pie.

QUITO, ECUADOR | 28 DE JULIO DE 2026
Veinte años de monitoreo de fauna silvestre en la vía Maxus permiten comprender cómo han cambiado las poblaciones de mamíferos y aves (pavas de monte) en un área de muestro de aproximadamente 100 km² dentro del Parque Nacional Yasuní.
El estudio, desarrollado por WCS Ecuador entre 2005 y 2025, constituye una de las series de muestreos estandarizadas de fauna silvestre más extensas de la Amazonía ecuatoriana. Sus resultados muestran una disminución progresiva de varias especies sensibles a la cacería y una transformación de la composición y las funciones ecológicas en uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad del planeta.
Uno de los principales hallazgos es la reducción de los grandes primates. La densidad del mono araña de vientre amarillo (Ateles belzebuth) disminuyó aproximadamente un 87 %, en comparación a las zonas sin presión de cacería. En el caso del mono lanudo de Poeppig (Lagothrix lagotricha), la reducción fue cercana al 70 %, usando la misma comparación.
Estas disminuciones tienen implicaciones que van más allá de la presencia de las especies. Los monos araña y lanudos desempeñan un papel relevante en la dispersión de semillas a largas distancias y contribuyen a la regeneración y composición del bosque amazónico. Su pérdida puede afectar procesos ecológicos que ocurren a escalas mucho mayores que las poblaciones monitoreadas.
Dos décadas de información comparable
Desde 2005, WCS realiza este monitoreo biológico mediante seis senderos permanentes de cuatro kilómetros, establecidos perpendicularmente a la vía Maxus. El uso de protocolos estandarizados de muestreo por transectos permite comparar las estimaciones entre diferentes periodos e identificar cambios que difícilmente serían visibles mediante evaluaciones de corta duración.
Durante 2025, el trabajo de campo se desarrolló entre marzo y diciembre. El equipo recorrió 253 kilómetros y obtuvieron 5.450 registros de mamíferos y de aves, entre ellas pavas de monte y paujiles. En cada observación se registraron datos sobre la especie, el tipo y la distancia de detección, la fecha, la hora y otras variables utilizadas posteriormente para estimar las densidades poblacionales.
La campaña fue realizada por biólogos y técnicos especializados, junto con asistentes locales de la nacionalidad Waorani con experiencia en el territorio y en la identificación de fauna amazónica. El esfuerzo acumulado de toda la serie entre 2005 y 2025 alcanzó 1.495 kilómetros recorridos.
Menos biomasa y cambios en la comunidad de primates
La disminución de los grandes primates produjo una transformación significativa en la biomasa, que representa la densidad poblacional de animales expresada como kilogramos por kilómetro cuadrado, lo que ayuda a comprender su aporte a la funcionalidad del ecosistema.
La biomasa total de la comunidad de primates disminuyó cerca de un 68%, en el área de muestreo en los últimos veinte años. La biomasa combinada de monos araña y lanudos se redujo aproximadamente un 77%.
En contraste, especies de menor tamaño mostraron mayor persistencia. Por ejemplo, el mono ardilla de Humboldt disminuyó apenas alrededor del 5 % frente a las condiciones de referencia y representó el 44,7 % de las detecciones de primates en 2025. Sin embargo, su presencia no compensa las funciones ecológicas que cumplen los grandes primates, particularmente en la dispersión de semillas a largas distancias.
El mono aullador rojo también presentó una mayor estabilidad que los monos araña y lanudos. Por otra parte, el mono chichico de manto dorado mostró una reducción marcada en 2025. Debido a que esta especie no es un objetivo preferido de cacería, el informe plantea que este cambio podría estar relacionado con variaciones climáticas y la disponibilidad de alimentos, aunque se requiere más investigación para comprobarlo.
Los cambios se extienden a otras especies
El análisis muestra que la transformación de la comunidad de mamíferos no se limita a los primates. El pecarí de labio blanco presentó una disminución progresiva y no fue detectado durante los recorridos de 2025.
Este resultado no demuestra por sí solo que la especie haya desaparecido del área. Debe interpretarse considerando la presión de cacería, posibles enfermedades y sus desplazamientos a través de extensos territorios. Sin embargo, su reducción a largo plazo constituye una señal importante de cambio ecológico, debido a que esta especie interviene en la remoción del suelo, la depredación de semillas y la redistribución de nutrientes.
Los tapires, pecaríes de collar, venados colorados y varias especies de pavas y paujiles también se mantuvieron por debajo de las condiciones de referencia de un área sin cacería. En cambio, especies medianas como las guantas de tierras bajas y guatusas negras mostraron mayor persistencia, aunque con variaciones a lo largo del tiempo.
El índice calculado por el estudio señala una reducción significativa de la fauna frente a las condiciones de referencia. El cambio no consiste únicamente en que haya menos animales, sino en que la comunidad está pasando de estar dominada por especies grandes hacia una composición con mayor presencia proporcional de especies pequeñas, que no desempeñan necesariamente las mismas funciones ecológicas.
Un bosque en pie no siempre mantiene toda su fauna
La pérdida limitada de cobertura forestal no explica por sí sola las fuertes reducciones observadas en la fauna. Los resultados son consistentes con un proceso en el que las vías facilitan el acceso a sectores antes remotos y amplían el alcance de la cacería y otras presiones humanas.
Esto demuestra que mantener el bosque en pie es indispensable, pero no suficiente para conservar su integridad ecológica. Un bosque puede conservar su estructura vegetal y, al mismo tiempo, perder gradualmente los animales que dispersan semillas, modifican el suelo, redistribuyen nutrientes y contribuyen a su regeneración.
La disminución de estas especies puede dar lugar al denominado “síndrome del bosque vacío”, en el que la cobertura vegetal permanece aparentemente intacta mientras la fauna y sus funciones ecológicas se deterioran.
Evidencia para orientar la conservación
Los resultados señalan la necesidad de fortalecer el control y la vigilancia dentro del área protegida, regular las rutas de acceso, reducir la cacería ilegal y mantener la conectividad con sectores que todavía conservan poblaciones capaces de contribuir a la recuperación de las zonas más afectadas.
También muestran la importancia de evaluar la conservación mediante indicadores que complementen la cobertura forestal, como la densidad de las poblaciones y la biomasa.
Mantener este programa de monitoreo biológico a largo plazo permitirá identificar nuevos cambios, evaluar la efectividad de las medidas de conservación y adaptar las decisiones de manejo a partir de evidencia recopilada durante periodos ecológicamente significativos.
WCS Ecuador reconoce el trabajo de los biólogos, técnicos y asistentes locales Waorani que participaron en las diferentes campañas, así como el apoyo logístico de la Estación Científica Yasuní de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (ECY-PUCE).
Las evaluaciones de 2005 recibieron el apoyo de la Fundación Gordon y Betty Moore; la campaña de 2015, del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos (USWF, por sus siglas en inglés); la de 2020, de la Fundación Margot Marsh; y la de 2025, el apoyo del Programa Paisaje Yasuní, gracias al financiamiento de Legacy Landscape Fund (LLF) a través de su programa Paisajes de Legado y de la Fundación Gordon y Betty Moore. Esta continuidad ha permitido consolidar una de las series estandarizadas más extensas sobre fauna silvestre en la Amazonía ecuatoriana.