· Los niveles típicos de contaminación dentro de las áreas protegidas son hasta 10 veces más altos que en las aguas no protegidas circundantes.
· En las regiones de arrecifes de coral más importantes del mundo, hasta el 92% de las áreas protegidas están afectadas por la contaminación del agua.
· Científicos de WCS advierten que la meta global de proteger el 30% del océano para 2030 podría ser ineficaz si no se abordan las aguas residuales y otras formas de contaminación hídrica.

NEW YORK, EE.UU. | ABRIL 03, 2026
Un nuevo estudio de Wildlife Conservation Society (WCS) y la Universidad de Queensland, publicado en Ocean & Coastal Management, reveló que casi tres de cada cuatro áreas marinas protegidas (AMP) del mundo están contaminadas por aguas residuales.
En las regiones oceánicas más críticas para los arrecifes de coral y la vida marina tropical, el problema es aún más grave: entre el 87% y el 92% de las áreas protegidas están afectadas, y los niveles típicos de contaminación dentro de estas zonas son diez veces más altos que en las aguas no protegidas circundantes. El estudio evaluó más de 16.000 AMP a nivel global.
Las aguas residuales —el agua utilizada en hogares y negocios que fluye a través de sistemas de alcantarillado hacia ríos y el océano— transportan nutrientes, patógenos y químicos que dañan ecosistemas clave como los arrecifes de coral y los pastos marinos, además de afectar a la fauna costera. Estudios previos han vinculado esta contaminación con la degradación de los arrecifes de coral en todo el mundo, la proliferación de algas nocivas e incluso enfermedades cerebrales similares al Alzheimer en delfines. Las consecuencias para las personas son igualmente graves: se estima que el agua potable contaminada provoca hasta 1,4 millones de muertes al año por enfermedades como el cólera y la fiebre tifoidea, además de generar pérdidas económicas de hasta 12 mil millones de dólares.
Estos hallazgos llegan en un momento crítico para la conservación oceánica global. Los líderes mundiales se han comprometido a proteger el 30% del océano para 2030, un objetivo conocido como “30x30”. Sin embargo, este estudio sugiere que el impulso por ampliar las áreas protegidas podría estar pasando por alto un problema fundamental: estas áreas no pueden cumplir su función si la contaminación sigue ingresando en ellas.
“Lo que encontramos fue impactante”, señaló David E. Carrasco Rivera, autor principal y candidato a doctorado en la Universidad de Queensland. “Utilizando datos globales de contaminación, mapeamos la exposición a aguas residuales en miles de áreas protegidas y la comparamos con aguas cercanas no protegidas. En región tras región, las zonas destinadas a la conservación estaban recibiendo más contaminación que aquellas sin ningún tipo de protección”.
Los investigadores analizaron la exposición a la contaminación en 16.491 áreas marinas protegidas en todo el mundo, con especial atención a 1.855 áreas dentro de 50 kilómetros de la costa en seis regiones tropicales: Australasia y Melanesia, Mesoamérica y el Caribe, el Triángulo de Coral, África Oriental, el Océano Índico y Medio Oriente y África del Norte. Utilizaron un modelo geoespacial para medir la cantidad de nitrógeno proveniente de aguas residuales que llegaba a cada área protegida, y compararon esos niveles con aguas cercanas no protegidas.
“Incluso un área marina protegida perfectamente gestionada fracasará en generar beneficios para la conservación y para las personas si las aguas residuales siguen llegando desde aguas arriba”, afirmó la Dra. Amelia Wenger, líder global de contaminación del agua en WCS. “No se puede colocar una barrera dentro de un área protegida para detener la contaminación. La solución debe darse en tierra, aguas arriba, y debe ser parte de cómo los gobiernos planifican y financian la protección del océano. Actualmente, no lo es”.
El estudio hace un llamado a los gobiernos y planificadores de conservación a considerar las aguas residuales y otras fuentes de contaminación terrestre al diseñar áreas marinas protegidas y al evaluar su efectividad. Los investigadores destacan el Marco Global de Biodiversidad, el acuerdo internacional que establece el objetivo 30x30 a través de 23 metas interconectadas, y advierten que la Meta 3 (protección de áreas) no podrá cumplirse sin avanzar también en la planificación del uso de la tierra y el mar (Meta 1), la restauración (Meta 2) y la reducción de la contaminación (Meta 7).
Este trabajo fue financiado generosamente por la Bloomberg Ocean Initiative y CORDAP.
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